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El Viaje del Ladrillo

Una puerta al infierno escondida en la ciudad de Lucca?

Las leyendas son parte del folclore de cada ciudad; quien de nosotros, siendo niño, no pasó noches en vela temiendo que el hombre de la bolsa, la llorona, o en el caso de mi pueblo, un pollo gigante pudiera aparecer por la ventana para intentar raptarlos?. Siempre me ha gustado conocer las leyendas urbanas del lugar donde vivo, porque cambian la perspectiva que uno tiene sobre el lugar. Un día navegando por internet, llegué a una página donde hablaban de las diferentes entradas al infierno que existen en la tierra, y para mi sorpresa, una de esas puertas estaba nada más y nada menos que en Lucca, la ciudad toscana donde me encuentro viviendo en este momento.
Lucca es una ciudad rodeada de magia y misticismo, quizás sea por sus murallas renacentistas o su urbanismo medieval coronado por altísimas torres, o tal vez por un sinfín de leyendas de épocas pasadas que aún siguen vigentes entre los ciudadanos, y que me he dispuesto a descubrir y compartirles.
Desde que leí sobre la puerta al infierno, intenté conocerla, pero cada vez que iba a la Iglesia de Sant’Agostino, donde está situada, la encontraba cerrada. Varias veces me volví frustrada de mis paseos por el centro histórico.
Hace dos días agarré mi bicicleta, y sin miedo a los 30° del húmedo verano toscano, me fui a fotografiar iglesias. Cuando estaba por volver a casa, me acordé de Sant’ Agostino, estaba a unos 400 m, tenía que pasar al menos para sacarme la duda de si estaba o no abierta.


Sant’Agostino es una iglesia de estilo románico, de imagen muy austera, pero eso se los voy a compartir en otra historia. Fui rodeando la iglesia por callecitas estrechas hasta que finalmente…bingo! Iglesia abierta. Según el cartel de bienvenida, me quedaba 1 hora de visita. Al entrar, me sorprendió aún más la simpleza y el silencio. En medio de la iglesia había una monja anciana que parecía rezar, pero que también siguió sigilosamente cada uno de mis movimientos el tiempo que duró mi visita. Sinceramente, entre la presencia de la monja, el silencio sepulcral, la luz tenue que entraba por las pocas ventanas y la finalidad de mi visita, el ambiente se había transformado en una película de miedo.
La iglesia es de planta basilical una sola nave, es decir, un único edificio rectangular, y no se veía mucha ornamentación, esto es importante porque mi primer instinto fue caminar hacia la zona del altar y las tres capillas absidiales, pero después descubrí que a la derecha a mitad de la iglesia había una pequeña capilla, y al fondo estaba el cuadro que buscaba.


Ahora sí, voy a compartirles la leyenda: según cuenta la historia, una familia poderosa de la ciudad de Lucca mandó a construir un oratorio para una pintura de la Virgen y el Niño en el año 1369. Muchas personas venían al oratorio a rezar y pedir favores a la Virgen. Una de esas personas fue un soldado que, perdido en la adicción del juego, rezó a la Virgen pidiéndole que lo ayudase a ganar una apuesta en carreras. El soldado no fue favorecido, y perdió todas las riquezas que tenía en esa apuesta. Según el relato de distintas personas, el soldado, furioso, fue hasta el oratorio, tomó una piedra, y con toda su furia la lanzó contra la Virgen, golpeándola en su hombro derecho. Para sorpresa de todos, del cuadro brotó sangre en el lugar del golpe (hay quienes cuentan que además la Virgen cambió de brazo al Niño para protegerlo del piedrazo). De repente, se escuchó un fuerte bramido, y un hoyo empezó a abrirse bajo los pies del soldado, quien empezó a caer lentamente, hasta hundirse en las profundidades del infierno. Y el hoyo no volvió a cerrarse. Durante un tiempo, los monjes agostinos bajaron con cuerdas diferentes objetos y hasta animales, buscando comprobar la profundidad del pozo, y todos volvían chamuscados y oliendo a azufre. Otras personas fueron más allá, y contaron que desde el pozo podían escucharse lamentos de almas en pena. Por este motivo, en el siglo XVIII decidieron cerrar el pozo con una pesada tapa metálica, y dejarlo así para siempre.


Como es el pozo? Cuando te paras frente a la pequeña capilla con el altar de estilo barroco, lo primero que ves es la imagen de la Virgen y el Niño justo al centro del altar, y tus ojos buscan la seña del golpe que aún hoy es visible: en el manto azul de la virgen, se ve un círculo blanco exactamente en el hombro derecho. Y lo segundo que buscan los ojos es el pozo. Para mi sorpresa, el pozo no está exactamente debajo del cuadro, pero después pensando con lógica, el soldado necesitaba una cierta distancia para que su lanzamiento tuviera más fuerza. En realidad, el pozo se encuentra a unos metros de la imagen, exactamente a mitad de la capilla y pegado al muro izquierdo. Queda bastante escondido detrás de unas sillas puestas de forma perpendicular a la imagen, quizás decisión de quienes hoy tienen a cargo la iglesia para mantener el hoyo alejado de curiosos. La verdad es que si uno no conoce la leyenda, la tapa, de no más de 60-80 cm de diámetro, pasa totalmente desapercibida, y la marca del piedrazo podría parecer pintura desteñida por el paso del tiempo.


Hoy en día, en Lucca se dice que al ingresar a la capilla aún se siente olor a sulfuro, pero la verdad es que a causa de la primavera, la alergia me impide poder confirmar o negar este punto de la leyenda. Pero esta fue la primera de muchas visitas a la misteriosa puerta del infierno, porque seguramente el viaje del ladrillo nos llevará juntos a vivenciar la sensación de estar parados frente a uno de los pocos conocidos ingresos al mismísimo infierno.

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