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El Viaje del Ladrillo

Una casa de colores bien a la mexicana

Cuando le pedí a nuestro guía Luis ir a conocer la Casa Gilardi, última obra del gran Luis Barragán en ciudad de México, me miró con grata sorpresa. En el camino, Luis fue añadiendo datos de color a la información que ya conocía sobre esta magnífica obra.

La casa se encuentra en un barrio señorial y tranquilo, de casas bonitas, con árboles que no logran esconder su llamativa fachada color rosa con el detalle del cuadrado en amarillo. Es mucho más pequeña de como la imaginaba, aunque después me di cuenta de mi falta de atención, al recordar que la vivienda tiene solamente 10 metros de frente.

Entramos a conocerla, hoy en día es una casa museo que no ha sufrido cambios desde su construcción. En espacio muy pequeño transformado en recepción nos recibió una mujer muy amable, con ganas de contarnos la historia de la casa.

La obra fue un encargo de la familia Gilardi a un Barragán de 80 años ya casi retirado; para el proyecto, el comitente realizó un pedido específico: proteger el jacarandá que se encontraba en el terreno. Este fue el gran desafío de Barragán, y el motivo por el cual la casa se desarrolló hacia el interior, poniendo al magnifico árbol en el centro de la escena, y cerrándose hacia el exterior.

La casa está distribuida en 2 bloques, unidos por un pasillo lateral, todos abrazando el patio central. Lo primero que recorrimos fue el bloque de ingreso, donde se encuentran los espacios de servicios y dormitorios distribuidos en planta baja y dos pisos superiores. La casa es austera, con detalles en el diseño de los muebles, en su mayoría de madera, y un aire muy vintage. Una particularidad que nos hizo notar la guía fue el baño principal, el cual posee 3 cuadros, los únicos que hay en toda la casa. La terminación en el revoque de las paredes es del tipo salpicado  con una textura bien cargada en los lugares donde la pintura es blanca, y liso en los sectores de colores estridentes para resaltar los mismos.

En cada sector, los pisos tienen un rol decorativo importante, y son de una gran belleza.

Atravesar el corredor de muros amarillos, con aberturas hacia el patio con vidrios opacos color ónix que permiten el paso de la luz hacia el interior, los pisos, el mueble de madera con sus esculturas en piedra negra…genera un sinfín de sensaciones, de caminar hacia lo desconocido, de no saber qué vas a encontrar detrás de la puerta blanca. El ambiente es cálido, parece estar en un atardecer eterno que te envuelve. El arquitecto juega con las emociones mediante la luz, el color y las líneas de llenos y vacíos.

Atravesando la puerta blanca el espacio te vuelve a llenar de emociones haciendote entrar directamente a la piscina de agua clara con muros de fondo en azul intenso y la pared en rojo sangre dentro de la piscina que simula una columna pero que en la práctica no cumple ninguna función estructural, sino más bien una función estética. El tragaluz del techo crea un haz lineal que cambia de acuerdo a las horas del día. Es sin dudas el espacio más jugado de la casa y la imagen más conocida, lleno de una personalidad moderna insuperable. Un juego de líneas, sensación de llenos (muros) y vacíos (agua).

El patio te transporta al corazón de una casa bien mexicana, con el jacarandá reinando, rodeado de cactus y enmarcado por muros de colores fucsias y violetas, y pisos de mármol. Todos los espacios se abren hacia él con enormes ventanas fijas.

La casa Gilardi es un tributo al modernismo vernáculo, mantiene los principios de la funcionalidad, sin perder su esencia mexicana. Luis, el arquitecto de las sensaciones, el primer latinoamericano en recibir el Premio Pritzker, nos dejó un legado de belleza que merece la pena ser visitado y disfrutado con todos los sentidos.

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